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lunes, 15 de abril de 2013

1978 - Filosofia di un Delitto - Casa Editrice Universo, Italia-

No me faltó trabajo cuando dejé Columba, en 1977. La editorial Mopasa, vieja conocida mía, estaba pasando por un momento de auge y allá fui, consiguiendo dibujar varios episodios de la serie Starsky y Hutch, con guiones del hijo de Alfredo Grassi... cómo se llama...? Bueno, ¡la memoria me deja en la estacada! Si alguien me pasa el dato, lo agradeceré


Poco después, aparecieron en el IDA, a donde yo seguía concurriendo, dos personajes que parecían salidos de una historieta policial: un tal Bonabotta y un adláter suyo del que sólo recuerdo el nombre: Aníbal. Representaban a Jorge Schiaffino, hermano del dibujante de Hora Cero, residente en España, quien a su vez representaba a la Casa Editrice Universo, poderosa empresa de Milán, Italia. Venían en busca de dibujantes para proveer al ávido mercado italiano, Pablo Pereyra, gran amigo de Schiaffino, nos presentó, y enseguida nos pusimos de acuerdo. Luego avisé a los amigos del Estudio Géminis y pronto fuimos varios colaborando mensualmente para la lejana editorial. El tiempo transcurrido no me deja recordar si éste fue el primer guión que dibujé, publicado en el N° 44 de la revista Intrepido, o si fue uno cuyo lápiz se lo dí a hacer a Jorge Gemelli, asiduo visitante del estudio y que transcurría, recuerdo, en Sudáfrica.













 Repasando la revista, veo que Pereyra no escapó a mi obsesión caricaturizadora, lo mismo que el compañero de estudios en IDA, Víctor Toppi. Ambos aparecen como personajes de la historieta.

El trabajo no impedía a veces salir de campamento con los compañeros de IDA. Aquí, en San Antonio de Areco: Andrea, Juaro Romero, ...?, Jorge, Víctor Toppi, Adriana y Massaroli

 Así empecé una larga colaboración de casi tres años. Las entregas se hacían en un típico bar de Floresta, donde no sólo cobrábamos puntualmente , sino que tomábamos un café o una ginebra, jugábamos ajedrez y esquivábamos los escobazos que a veces nos amagaba el encargado de la limpieza, harto de nuestra presencia. También colaboraron con Universo: Hernán Torre Repiso, Alberto Caliva, Ramón Gil, Silvestre Szilagyi (todos de Géminis), mi amigo y ayudante Eduardo Lago y algún otro colega que no recuerdo. Se trabajaba con libertad, tratábamos con gente honesta, éramos jóvenes... ¡ah, tiempos!

lunes, 11 de marzo de 2013

1973 - revista La Mujer del Pasado - Mopasa

1973 fue un año decisivo en mi carrera, no sólo por haber ingresado en la editorial García Ferré, sino porque apenas unos meses después, en octubre, pude publicar mi primera historieta: La Mujer del Pasado, en la revista  Más Allá del Terror, que dirigía el Turco José Alegre, pintoresco personaje del submundo de la historieta, a cuya legendaria editorial, Mopasa, íbamos a recalar todos aquellos que éramos rechazados por Columba, para foguearnos y volver más adelante. Una gran misión la de Alegre, después de todo, compensada con las endémicas dificultades para poder cobrarle. En aquel número 13 de la revista, publicaron también Mario Morhain y Furlino.


Nunca más supe nada del guionista, José Manuel Fuentes Font, a quien tampoco conocí en mis escasas visitas a la editorial, ubicada en una oscura oficina de la calle Bolívar al 500. A quien sí volví a ver más adelante, en diversas cirscunstancias, fue a Miguel Prystupa, quien era una especie de socio, factótum o jefe de arte del enigmático Turco.



Imbuído de las enseñanzas de Borisoff y Pereyra en el IDA, más mis nocturnos estudios de los libros de Loomis, no pude menos que, al tener la oportunidad de dibujar mi primer historieta para publicar, empecinarme en ser mi propio modelo. Muchas de las poses que adopta el personaje fueron dibujadas del natural, frente a un espejo. La campera, tras algunas reformas en los '80... ¡todavía la tengo! Sí, la quiero mucho, uno no se desprende de ciertas cosas tan cargadas de recuerdos. Una o dos veces cada invierno, ¡todavía me la pongo! Ya no viene cuerina de esa calidad... El personaje del cartero soy yo mismo, como me veía en aquellos tiempos. Los dos chicos que pasan por la calle eran mis primitos de Ramallo: Roberto y María Rosa. Así inauguré la inveterada costumbre de dibujar amigos y conocidos cada vez que el guión me lo sugiere, que nunca dejé de practicar.

El Hotel Unión, donde vivía por aaquellos años

Por supuesto, cuando salió la revista compré media docena de ejemplares para repartir entre amigos y parientes. El orgullo que sentía aquel joven de 21 años, se puede medir por el tamaño de la firma. El tiempo me iría enseñando la moderación y la modestia, pero todavía faltaban algunos golpes para eso.